| Ulises y Calipso |
Ilya Prigogine, Nobel de Química en 1977, filosofó explicando que el problema de qué sea la realidad es indisociable del problema del tiempo, esa flecha irreversible, ese río en cuya corriente nos precipitamos y existimos, como una piedra en su caída ganando velocidad.
Aquiles, el protagonista colérico de la Ilíada parte hacia Troya en busca de la eternidad en forma de gloria épica. Le toca perder la vida para que su gesta sea intemporal y recordada siempre. El astuto Ulises, pródigo en engaños, protagonista de la Odisea, representa el contrapunto dialéctico. Puede elegir entre la eterna juventud e inmortalidad que le promete su amante, la maga Calipso, o el regreso a la humanidad junto a Penélope, su esposa, y Telémaco, su hijo, o sea puede optar por envejecer junto a sus seres queridos y morir. Todavía nos sorprende que elija el tiempo, la dimensión propiamente humana, en lugar de la eterna juventud, que acoja y acepte el destino humano, en lugar del aburrimiento divino.


