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10 de julio de 2026

DIÁLOGOS DE BESUGOS

Besugo humanario 1

 

Armando Matías Guiu (1925-2004) creó el género humorista del “diálogo de besugos” en la Edad de Plata de la literatura española, cuando el periodismo andaba atado a la censura pero bastante libre de consignas. La política es a veces eso, un diálogo de besugos. En palabras del propio Armando: 

“Nadie dice lo que piensa; algunos, no piensan lo que dicen; aquellos, piensan y no dicen; éstos, nadie sabe lo que piensan; de los de más allá una piensa que piensan, pero ellos no piensan que una piensa… En mi soledad mental pienso que el pienso es el mejor pensamiento. Mientras haya pienso, aunque no se piense, se piensa en la paz”.

Mientras haya pienso…, ¿para qué pensar mucho? En su obra Rayuela, miscelánea más que novela, Julio Cortázar, argentino nacido en Bruselas, vierte el siguiente DIÁLOGO TÍPICO DE ESPAÑOLES:

López.- Yo he vivido un año entero en Madrid. Verá usted, era en 1925, y...

Pérez.- ¿En Madrid? Pues precisamente le decía yo ayer al doctor García...

López.- De 1925 a 1926 en que fui profesor de literatura en la Universidad.

Pérez.- Le decía yo: "Hombre, todo el que haya vivido en Madrid sabe lo que es eso."

López.- Una cátedra especialmente creada para mí para que pudiera dictar mis cursos de Literatura.

Pérez.- Exacto, exacto. Pues ayer mismo le decía yo al doctor García, que es muy amigo mío...

López.- Y claro, cuando se ha vivido allí más de un año, uno sabe muy bien que el nivel de los estudios deja mucho que desear.

Pérez.- Es un hijo de Paco García, que fue ministro de Comercio, y que criaba toros...

El diálogo de sordos sigue por el mismo estilo hasta aburrir al protagonista Oliveira. La mayoría de las veces éste ha sido el "método dialéctico" de nuestros políticos e intelectuales. Dios nos dio dos orejas y una sola boca para que escucháramos el doble de lo que hablamos, pero muchos no usan ninguno de sus oídos. Cada loco con su tema… “-- ¿Dónde vas? -- Manzanas traigo”. Peor todavía es que le señales al interlocutor la luna y se te queda mirando el dedo. Y pasa.




Además, determinados asuntos, los principales a veces, o los que exigen charlar con la cabeza fría, parecen hurtarse a la discusión razonable, por miedo o pereza, por encono o mala fe, tal vez porque sabemos que nos es imposible intercambiar puntos de vista con el interlocutor serenamente, sin alterarnos, sin que nos coja el toro o creamos que nuestra identidad está siendo amenazada o agredida. Peor todavía si uno cree que su identidad es un ser esto o lo otro, y no un mero estado, una situación. De este modo, el problema principal se pudre y la distancia entre los corazones aumenta hasta hacerse abismal, irresoluble. Pasa en las casas catalanas y vascas, por lo que me cuentan mis amigos vascos y catalanes. Ciertos asuntos son como el nombre del maligno: ¡ni nombrarlo! Porque no existiendo, se aparece.

Mi amigo Medardo Fraile (1925-2013) lo escribía de otra manera, que parafraseo de memoria: el español cuando habla no se siente partícipe de una comunidad, si además tiene auditorio, se aísla y se crece y, para ser más grande y mejor, empeora las cosas que le rodean. Y, con frecuencia, le da por pensar como un dios, en vez de como un hombre...

Fue el profesor Domingo Blanco quien nos recordó el pasaje de Rayuela en la judería de Córdoba, donde está la facultad de Filosofía y Letras, a un paso de la Mezquita, ante un auditorio de filósofos y maestros de filosofía, junto a la estela memorable y fantástica de Séneca, Maimónides y Averroes. No deja de ser extraño que haya que animar a dialogar y enseñar los rudimentos que hacen posible la conversación inteligente incluso a profesores de esta disciplina universal, cuando la Filosofía nació precisamente del diálogo, de la plática racional, conversación a la que Tarde llamaba "flor estética de las civilizaciones". Pero así es. Llevamos tantísimos años conviviendo como súbditos (sub dictum, bajo el dictado)... tantísimas generaciones pensando el Estado y el poder como algo distinto de cada uno de nosotros mismos, de nuestras relaciones cotidianas e intereses profesionales, como algo extraño y de lo que no somos responsables, que cada uno se ha constituido en sátrapa de su soledad y víctima de su aislamiento…

La civilización no se improvisa. La democracia no sólo otorga carnet de ciudadanía, sino que exige formación cívica, es decir civismo, lo que antaño se llamó urbanidad, buena educación y amabilidad, lo que en Francia cobró con su término politesse un bello significado sentimental. La democracia también se lleva mejor con la autonomía del pensar que con el sectarismo fanático. Es difícil llegar a ser ciudadano, alcanzar “la mayoría de edad” que, en lugar de pertinaces contradictores, nos convierte en comunicadores respetuosos con el punto de vista del otro, esto es, en interlocutores inteligentes.

Es muy curioso observar cómo pueden coexistir históricamente el anarquismo real y la tiranía estructural. Mientras el Generalísimo y sus consejeros y técnicos adláteres decidían por nosotros, aquí estábamos, no obstante, acostumbrados a que cada uno fuera a lo suyo sin tener que dar demasiadas explicaciones, ni siquiera cuando uno se aliviaba de basura tirándola al cauce más cercano. Tal vez por eso soportamos muy mal ajustar nuestro paso al del semejante, aún sabiendo que nos es lícito acordar el trayecto y cuando sabemos que, marchando juntos, podríamos más, tal vez incluso conseguiríamos que otros colectivos repararan en nuestra existencia, que otras naciones nos respetaran mejor, que otras profesiones nos tuvieran en cuenta.

Del autor:

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https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1636897

https://www.amazon.es/Criaturas-Luz-Luna-Fantas%C3%ADas-profec%C3%ADas/dp/B087L31GMK

1 de marzo de 2009

Ejemplos de Civismo




Wangari Muta Maathai nació en Kenia en 1940. Estudió biología en América y Alemania, y fue la primera mujer que se doctoró en África Oriental, en veterinaria por la universidad de Nairobi.

Como activista politica fundó el Movimiento del Cinturón Verde organizando la plantación de treinta millones de árboles para evitar la erosión en su país y mejorar la condición de las mujeres, por lo que se le apodó Tree Woman (Mujer Árbol).

Bajo el régimen del presidente Daniel Arap Moi fue encarcelada por exigir elecciones democráticas y denunciar la corrupción.

Desde el 2003 ha sido nombrada ministra de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Vida Salvaje de Kenia, y en 2005 fue escogida como la primera presidenta del Consejo Económico, Social y Cultural de la Unión Africana. En 2004 recibió el premio Nobel de la Paz.



Muhammad Yunus nació en Chittagong (Bengala), en uno de los países más pobres del mundo (Bangladesh), en 1940. Estudió con beca en América y fue profesor en Tennessee (USA). Cuando volvió a su tierra aplicó el concepto de "microcrédito": pequeños préstamos sin garantía, concedidos para incentivar la creatividad y actividad económica independiente de las personas más humildes, propiciando el desarrollo económico "desde abajo" que paliase el hambre y la miseria.
En 1974 propuso un tipo de organización social (Gram Sarker) que, debido a su éxito, fue adoptada en 1980 por el gobierno de Bangladesh para la aldeas rurales.
En 1976 fundó el Banco Grameen con el que ha beneficiado a 7 millones y medio de personas, que además son propietarias del "Banco de Pobres", en su gran mayoría mujeres que, asociadas en grupos de cinco o más, logran reembolsar 9 de cada 10 préstamos con sus actividades productivas.
En 1996, la Unesco le concedió el Premio Simón Bolivar. En 1998, obtuvo en España el premio Príncipe de Asturias de la Concordia, y en 2006 el Premio Nobel de la Paz.

27 de octubre de 2008

1. El Animal Político

Estación de tren de Taormina (Sicilia)



Lección 1. EL ANIMAL POLÍTICO Y SUS FINES PROPIOS

No somos como los animales. Sus comportamientos están regulados por instintos. También nuestros actos dependen de los instintos, de las ganas. Pero no siempre podemos hacer lo que nos da la gana, a no ser que queramos comportarnos como animales. Somos un animal tan especial que podemos hacer lo que no nos da la gana. Eso sucede cuando hacemos algo que merece la pena aunque no nos guste, o cuando sacrificamos un bien menor por un bien mayor.

Nuestro comportamiento también depende, pues, de las costumbres y de las intenciones, que pueden ser buenas o malas, y no sólo de las ganas. El animal hace sólo lo que le da la gana. Se puede decir que es "esclavo" de sus ganas e instintos, despertados por estímulos externos; mientras que los seres humanos hacemos lo que creemos que nos conviene, aun sin ganas. Por ejemplo, nos lavamos los dientes todos los días para conservarlos sanos, o limpiamos la mesa después de comer, aunque no nos apetezca; guardamos una chuchería para el recreo, aunque tengamos muchas ganas de devorarla; dejamos pasar a una señora cargada por la acera, aunque tengamos prisa; el buen conductor respeta los límites de velocidad, aunque tenga ganas de correr como Fernando Alonso; sacamos la basura al contenedor, aunque no sea una actividad agradable, etc.