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6 de diciembre de 2025

EN CONVERSACIÓN Y ESCUCHA

Burbujas en coloquios, JBL

Cuando llega la Navidad recuerdo todos los años la fábula de los erizos escalofriados de Schopenhauer. Durante la estación inclemente estos mamíferos espinosos sienten frío y se agrupan para combatirlo, pero se pinchan, entonces se separan y pasan frío; se vuelven a arrimar…, hasta que encuentran “la distancia justa”. Es lo que suelo desear a mis amigos en los crismas (sí, escribo crismas; me gusta el viejo estilo de puño y letra con estilográfica china): hago votos por que encuentren fácil “la distancia justa” en sus reuniones familiares para conjurar las puyas a la vez que el frío, en la medida de lo posible. De todos modos, sufrirán alguna impertinencia, no siempre por parte del “cuñado” o la cuñada de turno. Y es que al dialogar nos damos dolorosamente cuenta de que nuestras opiniones, también aquella que tenemos sobre nosotros mismos, no son compartidas por el prójimo.

Conversación: (con)fusión, compenetración de almas


En las pascuas de solar renacimiento se juntan familias, compañeros y amigos. La soledad entristece y enloquece: comemos, bebemos, cantamos, e incluso puede que cultivemos un arte singular puramente humano, humanista y humanizador: el de la conversación. Tal vez el verdadero amor sea eso, una conversación sine die, aunque busque en los cuerpos su abecedario, una plática interminable. Puede que la auténtica amistad tenga más que ver con el sereno intercambio de pareceres y humores, con la charla compartida y apaciguada, que con la reproducción y el sexo, aunque estos puedan ser muchas veces su aliciente y motivo biológico.

El filósofo, sociólogo y criminólogo Gabriel Tarde (1843-1904) puso de manifiesto la inmensa importancia social de la conversación. Las opiniones del otro corrigen los desvaríos y errores propios, la perspectiva ajena nos contradice irremediablemente, por eso tal vez dijo Sartre aquello de que “el infierno son los otros”. Decir que el otro nos aliena es trivial, ¡pues claro! Hasta nos pega sus tics si lo frecuentamos. 

La conversación es la verdadera fábrica del poder y el único freno para los gobiernos, porque su finalidad sólo puede ser social, de manera que fortalece en los mejores casos las ilusiones saludables, las nobles mentiras y convenciones útiles, mediante la mutua compenetración de almas. Tarde definió la conversación como “flor estética de las civilizaciones”, entendiendo por conversación sobre todo el diálogo inútil, libre de interés, directo e inmediato, la cháchara, el palique. Es el “hablar por hablar”, por placer, por juego o por cortesía. Nada que ver con la interrogación policial, el test pericial, la negociación comercial, el mitin, la arenga militar o el congreso científico. La conversación no excluye el flirteo ni las pláticas llanas o vulgares de los analfabetos, sean ágrafos totales o funcionales… Los gobiernos totalitarios prohíben las reuniones para evitar conversaciones en que se fraguan reputaciones y prestigios o desprestigios.

La conversación es señal de la atención espontánea que mujeres y varones se prestan recíprocamente y mediante la cual se cohesionan con más profundidad que en ninguna otra relación social. Por eso la conversación ees el agente más poderoso de la imitación y de la propaganda de sentimientos y actitudes, de ideas y de modos de acción. Los sectarios lo saben. Los líderes carismáticos de las sectas y de los partidos políticos no dejan de sermonear y de difundir consignas a quienes pastorean. 

Gabriel Tarde


En la tertulia educada no sólo importan las palabras, también es significativo el timbre de voz, la mirada, el vuelo de las manos, los silencios y gestos. El buen conversador “encanta”, en el sentido mágico de esta palabra. Este encanto puede perderse en las conversaciones telefónicas, tan proclives a la maldición del malentendido. A medida que avanza una civilización, se marcha, “se jollama”, se viaja y se habla más deprisa. A mi madre anciana le encanta ver cómo los turcos en sus teleseries se toman su tiempo para enrollarse en una mesa, sentados y sin prisa con una taza de café o de té a mano; nostalgia, de aquellos tiempos en que uno iba a una tienda no sólo a comprar, sino también a enterarse de lo que pasaba en su esfera local, aquellos tiempos en que se comadreaba en portales y portalillos con ritmos pausados que hemos perdido, esas virtudes de la parsimonia y de la espera tan olvidadas.

Las conversaciones difieren mucho de la aldea a la metrópolis y según la cultura de los interlocutores, según su estatus social, su parentesco, su profesión. Pero en cualquier caso unos y otros hablan de lo más común, de lo que nos afecta a muchos, de ahí la tendencia a tratar generalidades: del tiempo, del mal o del bien, de lo feo y lo hermoso. Los habitantes de los pueblos propenden al chismorreo y a la murmuración, no porque los urbanitas sean menos maliciosos y más tolerantes, sino porque en la ciudad hay menos materia prima para la difamación y el chismorreo, a menos que la conversación verse sobre personajes públicos y celebridades. Lo verde y lo rosa venden en programas de máxima audiencia especializados en rumores, en dimes y en diretes aderezados con infundios, sal gorda y pornografía sentimental, un tipo de prostitución que no exige contacto físico, sino desnudez anímica y publicidad del comportamiento íntimo de sus protagonistas y actores. Una conversación refinada exige agentes con cultura, leídos y formados en humanidades (esas que se arrinconan en los programas educativos oficiales), tal es una de las utilidades de "lo inútil".

Gabriel Tarde distinguía entre discutir con vehemencia, disputar o polemizar, que es como entrar en guerra verbal y duelo con el adversario, y el intercambio cortés de información, ese “contarse la vida” o comunicarse inquietudes. El placer de discutir y contradecir responde a un instinto infantil. El niño primero es mandado y manda, antes de ser enseñado y enseñar. Los adolescentes se tiran puyas y mofas como perros que nada más aprender a morder muerden a discreción afirmándose en la contradicción o violentando la lengua mediante el insulto, que puede ser ocurrente o mera grosería. No hay defecto más difícil de corregir en los chavales –propio también de ciertos gallineros televisados-- que el hablar todos a la vez. Por el contrario, la mente madura tiende a evitar la polémica y busca el acuerdo, el buen entendimiento. Negocia. Dejar hablar al interlocutor es señal de buena educación y cortesía, un hábito de respeto que nos cuesta mucho adquirir.

Las reuniones de funcionarios, como aquellas visitas arcaicas de cumplido, resultan tan forzadas como aburridas. A veces se acompañan de regalos y las palabras adquieren el rango de formalidad ceremonial. Sin duda, la palabra hablada constituyó el primer gran empleo del genio inventor humano y su más sobresaliente engendro estético. No sé si todavía los esquimales cantan contra el prójimo en lugar de insultarle con escarnios, tradicionalmente entonaban sátiras prolongadas en lugar de nuestras violentas discusiones, que no suelen llevar a ninguna parte o conducen al dicterio, la injuria o el agravio verbal si no se precipitan en la agresión física.

Es muy probable que antes de servir para conversar, las palabras estuviesen vinculadas a las órdenes de los jefes, a las sentencias de poetas, a las prescripciones de chamanes y sacerdotes. La raíz del imperativo es más antigua que la del indicativo, y lo unilateral y el monólogo preceden a lo recíproco y al diálogo. El ruego, la oración a los dioses, es un monólogo ritual que marcó el origen del lirismo. La misma oración tiende a hacerse diálogo como puede apreciarse en la misa católica. Mucho antes, los cantos de Dionisio estuvieron en el origen de la tragedia griega. Los monólogos de los superiores alimentan los diálogos entre iguales. La buena conversación socava jerarquías. Pero incluso entre iguales casi siempre uno habla más que el otro. Lo mismo que sucede en los diálogos de Platón emparentados en su origen con la comedia. Una pregunta seguida de una respuesta es ya embrión de diálogo. El preguntar ya vale como generosa atención y préstamo de la voluntad.

Oír al otro no es lo mismo que escuchar de verdad lo que dice. Una buena regla pragmática para el diálogo amistoso es el llamado “principio de caridad”: estar dispuesto a interpretar en el mejor de los sentidos posible lo que dice el otro. Uno puede oír lo que se niega a entender. Es el “diálogo de sordos”, del que dan ejemplo diario nuestros políticos. Entrar en conversación debiera ser entrar en conversión (metanoia) o por lo menos en disposición de convertirse a otras perspectivas o a una más amplia. Una investigación reciente muestra que sólo un 10% de nosotros escucha con eficacia lo que el otro dice, sólo se aguanta el chaparrón del otro como quien oye llover, sólo se espera, con ansiedad, que termine de hablar para tomar la palabra y "llevar (o traer) razón". El caso extremo es el del bocazas que no deja hablar en absoluto y sólo sermonea para escucharse a sí mismo. Las esposas que no se sienten suficientemete escuchadas por sus maridos les reprochan "otitis testicular".

Muchas y muchos llaman a la radio desesperados, simplemente para tener un interlocutor que les escuche. Quien de verdad es escuchado siente aceptación a la vez que descubre su íntimo modo de ser y de estar. Nos conocemos mejor mirándonos en el espejo del otro. Escuchar es una forma de hospitalidad espiritual que apenas se practica. Las próximas reuniones, comidas y festejos, pueden servir de ocasión para ejercitarse en este arte saludable y humanizador de la conversación, asilo de la libertad, un logro de la cultura muy superior a la garrulería de los gorriones en los árboles y al tumultuoso graznido de los cuervos en el aire. Ojalá.

Hemos retocado y corregido levemente el artículo "En conversaciones", publicado en el periódico digital Nuevodiario el 17 de diciembre de 2023.

Del autor:

https://www.amazon.com/-/e/B00DZLV35M
https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1636897
https://aafi.es/NOCTUA/noctua00.htm


25 de marzo de 2022

FILANTROPÍA

 



Corren malos tiempos para la filantropía, que es el amor universal al género humano, "género" que hoy suele dividirse en dos: hembras y machos, mujeres y varones, casi como si fuesen especies distintas por afectar diferentes gónadas y dosis hormonales. Tampoco está de moda la "panfilia", palabra que acabo de inventar y que traigo del griego 'pan', todo, y de 'philía', amistad. Existe el adjetivo pánfilo, que etimológicamente significaría aquél al que todo le agrada, el que todo lo ama. Por desgracia, el epíteto se usa para describir al ingenuo, al que tarda en comprender las cosas o no se da cuenta de estas y se deja engañar fácilmente. 

27 de noviembre de 2019

CONDUCTA ANIMAL Y ÉTICA

Larva de la procesionaria del pino.


Durante siglos la ciencia occidental definió al ser humano por una propiedad específica que poseería en exclusiva y de la que carecerían el resto de animales: inteligencia o razón (no matizaremos aquí las importantes diferencias entre razón e inteligencia). Tal antropología o visión del hombre no impidió que se atribuyeran conductas astutas al zorro, previsoras a la hormiga, libertinas a la cigarra o memoriosas al elefante. Los animales suplían la falta de inteligencia con el instinto. Sin embargo, entre el hombre, dotado de alma inmortal, y el animal se decretaba un abismo infranqueable. A fin de cuentas, ¡el hombre había sido creado en el último día y a semejanza de Dios!

21 de diciembre de 2010

CIBERURBANIDAD Y NETIQUETA

La Internet, es una gran ciudad en expansión, como en cualquier ciudad, para poder convivir, se deben respetar ciertas normas de ciberurbanidad: “cibermaneras”, “Netiqueta” (contracción de “net”, en inglés, red, y “etiqueta”).

Por “etiqueta” entendemos el estilo, las normas, los usos y costumbres que deben guardarse en los actos públicos y solemnes. Creo que la Red de redes (Internet) no tiene mucho de solemne, pero la inmensa mayoría de nuestros actos en la red son actos públicos y deberían asumir ciertas normas.

Por “urbanidad” entendemos la corrección y cortesía en el trato con los demás; y por “maneras”, los modales o forma de comportarse de una persona en los espacios públicos e incluso en sus relaciones privadas e íntimas.

Hoy, la Internet no es una red de comunicación minoritaria, sino masiva, y lo va ser cada vez más. Muchos entran en ella como un elefante en una cacharrería, desconociendo las normas mínimas de convivencia que deben guardarse en cualquier sociedad, y la Red es una sociedad global, planetaria.

Si aprovechamos los recursos del correo electrónico, de un portal, de un grupo de noticias, de un foro de debate, o de una red social, de un cuaderno de bitácora (blog), de una wiki... debemos respetar ciertas normas. Algunas son muy generales como no amenazar ni insultar ni incluir palabras malsonantes y groseras, o respetar las reglas de ortografía, otras son específicas del medio:


-Debemos consultar de vez en cuando nuestro buzón o buzones, y limpiarlo(s), a fin de que no se pierdan mensajes. Las personas a quienes hemos dado nuestra dirección pueden haber mandado información relevante y estar esperando una respuesta. Comparta su conocimiento con los demás, y ayude a los novatos en lo que pueda.

-Borre inmediatamente los mensajes no deseados (spam, correo basura), ocupan un espacio que puede necesitar para algo importante.

10 de noviembre de 2008

Comentario de texto

Texto propuesto:

«Las personas somos –todas- radicalmente dependientes. Es verdad que en la cultura occidental hemos ocultado cosa tan obvia, por admiración hacia esa otra capacidad nuestra, la autonomía, que los individuos y los pueblos persiguen como una aspiración... Y, sin embargo, a cada persona acompañan desde la raíz la inevitable dependencia y la aspiración a la autonomía, la vulnerabilidad y la capacidad de hacer la propia vida.

Por eso, curiosamente, la única forma humana de conquistar una cierta independencia es la práctica de la interdependencia. Parece un juego de palabras, pero no lo es. Es el sueño de los viejos anarquistas, el apoyo mutuo, que hace progresar a los individuos y a las especies. El sueño cristiano y socialista de la solidaridad»

Adela Cortina. “Ética de la dependencia”. EL PAÍS, 6-9-2008, pg. 21.

El comentario de texto es un ejercicio que mide muy bien -si se corrige con cuidado- el grado de madurez de quien lo realiza.
Antes de precipitarte a dar tu opinión, debes asegurarte de que has formado adecuadamente una opinión, de que tienes una opinión bien formada.
Antes de opinar, ¡lo primero es comprender el texto!, pues mal vamos a poder criticarlo si no lo entendemos. Si el profesor lo ha elegido será por algo, ¿no crees? ¿Qué podemos aprender de él? Suele estar respaldado por la firma de una autoridad sobre el tema tratado, en este caso la escritora es una catedrática de ética de universidad que ha publicado un montón de buenos libros sobre valores cívicos. Así que ¡ojo con las descalificaciones apresuradas!
Para entenderlo bien puedes valerte del subrayado, y es muy conveniente buscar en un diccionario las palabras que no comprendamos (que "nos suenen" no significa que sepamos con precisión qué significan). Ej.: ¿Comprendes qué significa "vulnerabilidad"? ¿Por qué somos los humanos vulnerables?; ¿Qué significa "anarquismo"?, ¿quiénes fueron los "viejos anarquistas"? A veces, la comprensión del texto impone una investigación previa, consulta con enciclopedias, etc.
Podemos probar que hemos comprendido y dado sentido al texto resumiéndolo brevemente, en una síntesis de un 20% a un 25% del mismo. Así, si el texto tiene unas 20 líneas, será suficiente un resumen de 4 ó 5. El resumen debe contener el tema y el asunto general del texto. Por decirlo vulgarmente, "de qué va el rollo". Por ejemplo, "Adela Cortina valora la solidaridad, puesto que como seres humanos dependemos unos de otros". Como idea secundaria se puede añadir que la autora nos hace ver que por sobrevalorar mucho la libertad personal se nos olvida reconocer -y agradecer- los servicios que nos prestan los demás, empezando por los propios padres, a quienes debemos la vida. El agradecimiento es un gran valor social, pero desgraciadamente no está de moda. Recordemos lo que dice el pueblo: "es de bien nacidos el ser agradecidos".
Después del resumen, hay que analizar los términos principales. En el tx. que hemos trabajado se habla de "la cultura occidental". Está bien que asociemos lo que se dice en el texto con cosas que ya sabemos. Por ejemplo, que la cultura occidental es la que procede de la Antigua Grecia, más elementos semitas (fenicios, judíos, árabes, sobre todo en España), y romanos, que la cultura occidental tiene unos dos mil quinientos años, es común a los países europeos y a los países que los europeos formaron en América o Australia, y que es la que ha inventado la ciencia, el teatro y la democracia (¡ahí es nada!). Pero nuestra cultura ha exaltado tanto la libertad individual que se ha olvidado de los valores comunitarios, entre ellos la solidaridad, siendo así que no somos dioses ni nos bastamos a nosotros mismos, que nuestra libertad no puede ser más que una libertad limitada...
Ya conocéis aquello que dijo -con ironía- Aristóteles de que si alguien presume de que puede vivir solo es porque es un animal o un dios. Pero nosotros no somos ni una cosa ni la otra: necesitamos de los demás y debemos y podemos someter nuestras conductas a normas que garanticen la convivencia en paz, porque vivir es convivir.
Por último, podemos y debemos valorar crítica y personalmente el texto. Formulándole objeciones o nuevas preguntas. Por ejemplo: ¿Hasta qué punto es posible la solidaridad en un mundo en que se persigue sobre todo la maximización del disfrute individual? ¿Son compatibles una ética individualista y una ética comunitaria?, ¿una ética de la dependencia (heteronomía) y una ética de la independencia y la autonomía?

Resumiendo. Un buen comentario debe incluir:

1) Un resumen
2) Un análisis de los términos y/o las ideas principales.
3) Asociando lo que allí se dice con cosas que sé, problemas actuales, dando ejemplos personales, etc. Un comentario debe ser creativo y original.
4) una valoración crítica personal, que puede incluir nuevos interrogantes que se formulan al texto o desde el texto. Esto último es lo más difícil.

¡Ah! Se me olvidaba. También puedes acabar dándole un título a tu comentario, un título de no más de tres palabras que será el resumen del resumen.