La lección clásica sobre la ética civil o del ciudadano la dió el maestro Kant, para el cual, el progreso técnico-científico, si no va acompañado de progreso ético, es mera lentejuela miserable.
¿Por qué, para que haya progreso, es imprescindible la libertad del uso público de la razón, es decir, la libertad de expresión?
Para superar la minoría de edad y elevarnos desde el despotismo a la democracia ilustrada:
A pie de clásico: Kant y la ética civil
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4 de mayo de 2015
1 de febrero de 2009
4. Democracia y autonomía
En la antigüedad los seres humanos creían que las leyes eran dictadas por los dioses y reveladas por ellos a los hombres. Se confundía el orden divino y natural con el ordenamiento moral y legal. Se pensaba que un legislador inspirado por Dios mismo (como Moisés o Licurgo) había entregado las normas de comportamiento a la humanidad, estableciendo así lo justo y lo injusto para siempre. Se pensaba que Dios mismo otorgaba el poder a una familia, a un brujo, a los más ancianos de la tribu, o a un líder carismático[1]: el cacique, la nobleza, el caudillo, el señor, o el rey.
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