13 de febrero de 2017

MALDAD Y ESTUPIDEZ

GOU-GOROO ENTRE LOS PAPUPOA DE MICRONESIA


Gou-Goroo convertido en un hombre-pez feísimo.

El siguiente cuento de Salvador Solé Soriano es un buen ejemplo de cómo pueden usarse de modo instructivo y divertido la ironía y el humor. Muy socráticamente, los nativos imaginarios de su historia identifican la maldad con la estupidez, y en lugar de amargarse por la existencia de ambas, se ríen de ellas. El malvado aparece sobre todo como un idiota, es decir una persona incapaz de elevarse desde sus caprichos particulares al bien general. Gou-Goroo es sobre todo un irresponsable, incapaz de responder de lo que hace al sacrificar el bien común a la satisfacción de sus impulsos y deseos más insensatos.


4 de mayo de 2015

¿Súbdito o ciudadano?

La lección clásica sobre la ética civil o del ciudadano la dió el maestro Kant, para el cual, el progreso técnico-científico, si no va acompañado de progreso ético, es mera lentejuela miserable.




¿Por qué, para que haya progreso, es imprescindible la libertad del uso público de la razón, es decir, la libertad de expresión?

Para superar la minoría de edad y elevarnos desde el despotismo a la democracia ilustrada:

A pie de clásico: Kant y la ética civil

23 de mayo de 2012

Menores maltratadores


José Chamizo es Defensor del Menor en Andalucía. En su informe sobre la situación en 2011 advierte de un nuevo grupo de menores maltratadores, el de aquellos que no aceptan las limitaciones de bienes materiales impuestas por las familias. Este cuarto grupo se añade a los tres ya existentes:

1. Menores que maltratan a los padres por algún tipo de adicción.
2. Aquellos que lo hacen por algún tipo de trastorno de conducta.
3. Los que son violentos a causa de una (mal)educación permisiva.
4. Menores que no aceptan limitaciones en el gasto y roban a sus padres o exigen dinero para sus caprichos y fiestas.

Han aumentado las llamadas al defensor del menor alertando sobre este cuarto tipo de violencia familiar.

El maltrato puede ser físico: patadas, tortas, puñetazos, empujones, mordiscos; o psicológico:  insultos, amenazas y humillaciones.

19 de febrero de 2012

Caín y el payaso


Por José Biedma

A mi alumnado de Educación para la Ciudadanía,
muy especialmente para Borja y Pablo.

Me llamo Harold. Soy grandote, pero doy algo de pena. Como mis movimientos resultan  patosos y desmañados, la gente, desde que era un niño, se ríe fácilmente de mí.

Nací en Haarlem, una ciudad de Holanda. Es un lugar tranquilo en la desembocadura del río Spaarne, a 20 kilómetros  de Ámsterdam. En mi ciudad hay museo de pintura, donde se exponen cuadros de maestros del siglo XVII. Lleva el nombre de uno de ellos: Fran Hals, que murió en Haarlem, en plena Edad de Oro de la pintura flamenca. De pequeño, cuando mi maestra me llevó a ver esas pinturas, me quedé tan impresionado que quise ser retratista. Pero pronto me di cuenta de que carecía de aptitudes para el dibujo.

21 de diciembre de 2010

CIBERURBANIDAD Y NETIQUETA

La Internet, es una gran ciudad en expansión, como en cualquier ciudad, para poder convivir, se deben respetar ciertas normas de ciberurbanidad: “cibermaneras”, “Netiqueta” (contracción de “net”, en inglés, red, y “etiqueta”).

Por “etiqueta” entendemos el estilo, las normas, los usos y costumbres que deben guardarse en los actos públicos y solemnes. Creo que la Red de redes (Internet) no tiene mucho de solemne, pero la inmensa mayoría de nuestros actos en la red son actos públicos y deberían asumir ciertas normas.

Por “urbanidad” entendemos la corrección y cortesía en el trato con los demás; y por “maneras”, los modales o forma de comportarse de una persona en los espacios públicos e incluso en sus relaciones privadas e íntimas.

Hoy, la Internet no es una red de comunicación minoritaria, sino masiva, y lo va ser cada vez más. Muchos entran en ella como un elefante en una cacharrería, desconociendo las normas mínimas de convivencia que deben guardarse en cualquier sociedad, y la Red es una sociedad global, planetaria.

Si aprovechamos los recursos del correo electrónico, de un portal, de un grupo de noticias, de un foro de debate, o de una red social, de un cuaderno de bitácora (blog), de una wiki... debemos respetar ciertas normas. Algunas son muy generales como no amenazar ni insultar ni incluir palabras malsonantes y groseras, o respetar las reglas de ortografía, otras son específicas del medio:


-Debemos consultar de vez en cuando nuestro buzón o buzones, y limpiarlo(s), a fin de que no se pierdan mensajes. Las personas a quienes hemos dado nuestra dirección pueden haber mandado información relevante y estar esperando una respuesta. Comparta su conocimiento con los demás, y ayude a los novatos en lo que pueda.

-Borre inmediatamente los mensajes no deseados (spam, correo basura), ocupan un espacio que puede necesitar para algo importante.

10 de enero de 2010

Plutarco. Educación o adulación



"Unicamente aquellos que han aprendido a desear lo que deben, viven como quieren" Plutarco


Plutarco nació en el año 46, en la pequeña ciudad beocia de Queronea (Grecia), siendo Beocia una tranquila provincia del imperio romano. Se dice que fue amigo del emperador Trajano.

Plutarco representa el mejor ejemplo de moralismo educativo de su época. Murió hacia el 120 de nuestra era. Se educó como otros jóvenes de su tiempo en Atenas. Allí, en la Academia fundada por Platón, recibe clases de Amonio, un filósofo de ascendencia egipcia, con quien se adentra en los secretos de las matemáticas, la retórica, la religión, y estudia las doctrinas de la filosofía platónica, pero también de la peripatética, de Epicuro y del estoicismo, con la Estoa polemizará en varias ocasiones.
Plutarco no pretendió ni resultó ser un pensador original, pero sus escritos morales (Moralia), en forma de diatriba, representan una magnífica y equilibrada síntesis de la cultura antigua, en su búsqueda constante por dirigir al hombre hacia la virtud (areté), mediante la lucha y control de las pasiones (páthê).

5 de enero de 2010

PERTENENCIA Y PARTICIPACIÓN. Identidad democrática


En un revelador artículo*, Fernando Savater distingue entre la identidad de pertenencia (a una cultura, una fe, una nación, una raza) y la identidad democrática. La primera, la identidad de pertenencia, se convierte muchas veces en un blindaje que pretende justificar excepciones y privilegios en base a la adscripción del ciudadano a tal o cual grupo identitario.

La distinción puede resumirse en la distinción entre ser y estar. Cada individuo configura su identidad en base a una serie de identidades yuxtapuestas. Unas impuestas por la biología (macho o hembra, payo o gitano) o por la geografía (europeo o asiático, gallego o catalán) o por la historia (cristiano o budista), mientras que otras provienen de elecciones personales, según nuestros afectos, creencias y aficiones (socio de Greenpeace o fan de Chenoa). Hay cosas que somos desde la cuna (diestros o zurdos, morenos o rubios) y otras que nos empeñamos en ser: “ciertas identidades nos apuntan y al resto nos apuntamos”.

Cada cual tiene, por supuesto, el derecho a ser lo que quiera ser, socio del Madrid o del Barcelona, incluso a creerse ser esto o aquello, vasco “puro” o andaluz “de pura cepa”, o a intentar ser el mejor artista, el más hábil jugador de fútbol, el más competente científico, el más exitoso comerciante... Uno puede aspirar a ser considerado modelo de elegancia u honesto padre de familia… Se trata de una aventura personal, biográfica.

Pero la identidad democrática es otra cosa, no expresa tanto una manera de ser como una manera de estar. De estar junto a otros, para convivir, emprender y cooperar en tareas comunes, pese a las diferencias de lo que cada uno sea o pretenda ser.

El único requisito que se impone a la identidad democrática es que respete las normas básicas de convivencia y los principios generales que los españoles nos hemos dado en la Constitución Española.

No hay cánones definitivos para ser español: se puede ser español y católico o ateo, musulmán o agnóstico, blanco, mulato, amarillo o negro del todo, hablar euskera, castellano o catalán, ser homosexual, heterosexual o célibe, disfrutar de las corridas de toros o abstenerse de ir a ellas…, pero sí hay normas y límites para estar en España como ciudadano de una democracia avanzada, beneficiándose de los derechos que nuestra constitución protege (educación, sanidad, libertad de expresión, etc). Por ejemplo, uno no puede, siendo español, mutilar a su hija, secuestrar a quien quiera, violar a un niño o maltratar a las mujeres impunemente.

De modo que la pregunta interesante no indaga lo que significa ser español, sino lo que exige ser ciudadano de España. Los campanarios o los minaretes no amenazan las libertades públicas, sino aquellos creyentes que ponen su pertenencia religiosa por encima de sus obligaciones cívicas, pues las dichas obligaciones (respetar la propiedad y el descanso ajenos, pagar impuestos, etc.) permiten que todas las creencias (religiosas, filosóficas o políticas) convivan sin desgarramientos, violencias ni privilegios.

Así pues, frente a la cultura de la pertenencia, acrítica, blindada, basada en el “nosotros somos así”, está la cultura de la participación, cuyas adhesiones son revisables y buscan la integración de lo diferente en lugar de limitarse a celebrar la unanimidad de lo mismo. La cultura de la participación respeta el ser de cada cual pero lo subordina en asuntos necesarios al estar juntos, a las normas de convivencia con quienes son de otro modo.

El problema de fondo es que las identidades particulares (los particularismos) con las que cada uno definimos lo que somos gozan de una calidez entusiasta y egocéntrica (o egoísta) a la que difícilmente puede aspirar la más genérica, cosmopolita y compartida unidad democrática. Cada cual disfruta o padece su ser y sólo se resigna a estar con los demás, soportando o tolerando sus diferencias de criterio, gustos y maneras de comportarse. De ahí la importancia de una educación cívica, de una Educación para la Ciudadanía que razone y persuada para la formación de un carácter verdaderamente democrático en todos los aspectos.

(*) “Sobre la identidad democrática”, EL PAÍS, 29 Dic. 2009, pg. 21.

Cuestionario

1. ¿Es lo mismo la identidad de pertenencia que la democrática?
2. Distinga entre rasgos identitarios heredados y elegidos. Confeccione sendas listas con los suyos propios.
3. ¿Por qué la identidad democrática tiene que ver con el estar más que con el ser?
4. ¿Por qué debe subordinarse la identidad de pertenencia a la identidad democrática? ¿Por qué es tan difícil conseguir esto?
5. Contraste la cultura de la pertenencia a la cultura de la participación.
6. ¿Qué requisito impone obligatoriamente la identidad democrática?
7. Explique por qué es importante y necesaria una buena eduación para la ciudadanía.