4 de mayo de 2015

¿Súbdito o ciudadano?

La lección clásica sobre la ética civil o del ciudadano la dió el maestro Kant, para el cual, el progreso técnico-científico, si no va acompañado de progreso ético, es mera lentejuela miserable.




¿Por qué, para que haya progreso, es imprescindible la libertad del uso público de la razón, es decir, la libertad de expresión?

Para superar la minoría de edad y elevarnos desde el despotismo a la democracia ilustrada:

A pie de clásico: Kant y la ética civil

23 de mayo de 2012

Menores maltratadores


José Chamizo es Defensor del Menor en Andalucía. En su informe sobre la situación en 2011 advierte de un nuevo grupo de menores maltratadores, el de aquellos que no aceptan las limitaciones de bienes materiales impuestas por las familias. Este cuarto grupo se añade a los tres ya existentes:

1. Menores que maltratan a los padres por algún tipo de adicción.
2. Aquellos que lo hacen por algún tipo de trastorno de conducta.
3. Los que son violentos a causa de una (mal)educación permisiva.
4. Menores que no aceptan limitaciones en el gasto y roban a sus padres o exigen dinero para sus caprichos y fiestas.

Han aumentado las llamadas al defensor del menor alertando sobre este cuarto tipo de violencia familiar.

El maltrato puede ser físico: patadas, tortas, puñetazos, empujones, mordiscos; o psicológico:  insultos, amenazas y humillaciones.

19 de febrero de 2012

Caín y el payaso


Por José Biedma

A mi alumnado de Educación para la Ciudadanía,
muy especialmente para Borja y Pablo.

Me llamo Harold. Soy grandote, pero doy algo de pena. Como mis movimientos resultan  patosos y desmañados, la gente, desde que era un niño, se ríe fácilmente de mí.

Nací en Haarlem, una ciudad de Holanda. Es un lugar tranquilo en la desembocadura del río Spaarne, a 20 kilómetros  de Ámsterdam. En mi ciudad hay museo de pintura, donde se exponen cuadros de maestros del siglo XVII. Lleva el nombre de uno de ellos: Fran Hals, que murió en Haarlem, en plena Edad de Oro de la pintura flamenca. De pequeño, cuando mi maestra me llevó a ver esas pinturas, me quedé tan impresionado que quise ser retratista. Pero pronto me di cuenta de que carecía de aptitudes para el dibujo.

21 de diciembre de 2010

CIBERURBANIDAD Y NETIQUETA

La Internet, es una gran ciudad en expansión, como en cualquier ciudad, para poder convivir, se deben respetar ciertas normas de ciberurbanidad: “cibermaneras”, “Netiqueta” (contracción de “net”, en inglés, red, y “etiqueta”).

Por “etiqueta” entendemos el estilo, las normas, los usos y costumbres que deben guardarse en los actos públicos y solemnes. Creo que la Red de redes (Internet) no tiene mucho de solemne, pero la inmensa mayoría de nuestros actos en la red son actos públicos y deberían asumir ciertas normas.

Por “urbanidad” entendemos la corrección y cortesía en el trato con los demás; y por “maneras”, los modales o forma de comportarse de una persona en los espacios públicos e incluso en sus relaciones privadas e íntimas.

Hoy, la Internet no es una red de comunicación minoritaria, sino masiva, y lo va ser cada vez más. Muchos entran en ella como un elefante en una cacharrería, desconociendo las normas mínimas de convivencia que deben guardarse en cualquier sociedad, y la Red es una sociedad global, planetaria.

Si aprovechamos los recursos del correo electrónico, de un portal, de un grupo de noticias, de un foro de debate, o de una red social, de un cuaderno de bitácora (blog), de una wiki... debemos respetar ciertas normas. Algunas son muy generales como no amenazar ni insultar ni incluir palabras malsonantes y groseras, o respetar las reglas de ortografía, otras son específicas del medio:


-Debemos consultar de vez en cuando nuestro buzón o buzones, y limpiarlo(s), a fin de que no se pierdan mensajes. Las personas a quienes hemos dado nuestra dirección pueden haber mandado información relevante y estar esperando una respuesta. Comparta su conocimiento con los demás, y ayude a los novatos en lo que pueda.

-Borre inmediatamente los mensajes no deseados (spam, correo basura), ocupan un espacio que puede necesitar para algo importante.

10 de enero de 2010

Plutarco. Educación o adulación



"Unicamente aquellos que han aprendido a desear lo que deben, viven como quieren" Plutarco


Plutarco nació en el año 46, en la pequeña ciudad beocia de Queronea (Grecia), siendo Beocia una tranquila provincia del imperio romano. Se dice que fue amigo del emperador Trajano.

Plutarco representa el mejor ejemplo de moralismo educativo de su época. Murió hacia el 120 de nuestra era. Se educó como otros jóvenes de su tiempo en Atenas. Allí, en la Academia fundada por Platón, recibe clases de Amonio, un filósofo de ascendencia egipcia, con quien se adentra en los secretos de las matemáticas, la retórica, la religión, y estudia las doctrinas de la filosofía platónica, pero también de la peripatética, de Epicuro y del estoicismo, con la Estoa polemizará en varias ocasiones.
Plutarco no pretendió ni resultó ser un pensador original, pero sus escritos morales (Moralia), en forma de diatriba, representan una magnífica y equilibrada síntesis de la cultura antigua, en su búsqueda constante por dirigir al hombre hacia la virtud (areté), mediante la lucha y control de las pasiones (páthê).
Como teórico de la educación resulta un verdadero clásico. Todos los esfuerzos de la educación (paideía) griega estaban concentrados en la formación del ser humano con el fin de que su comportamiento como ciudadano fuera el más provechoso para la pólis (ciudad-estado), como simple miembro de su comunidad o como figura destacada de la jerarquía política, social o religiosa.
Pero la crisis de la ciudad antigua, sustituida por entidades políticas mayores, en este caso el imperio romano, fomenta el individualismo, la desorientación y el aislamiento. En estas condiciones, que son en gran medida también las nuestras, se produce una interiorización de la educación; el ser humano perseguirá más que nunca aquella máxima tan antigua y socrática del “Conócete a ti mismo”.
En nuestros días, nada nos aleja más de un buen conocimiento de nosotros mismos que la falsa imagen que nos devuelve el espejo de la televisión, dominado por la publicidad comercial y la propaganda política, cuyo resorte fundamental para imponernos su visión de las cosas es el halago, la adulación. En relación a esto, las palabras de Plutarco cobran un sentido actual y clarividente:

“Es necesario apartar a los niños de todos los hombres perversos y, sobre todo, de los aduladores. Pues también quisiera decir ahora lo que repito con frecuencia a muchos padres: no hay especie más depravada ni que, sobre todo y rápidamente, lleve a la ruina a la juventud que la de los aduladores, los cuales aniquilan de raíz a los padres y a los hijos, afligiendo la vejez de los unos y la juventud de los otros; ofreciendo el placer como cebo irresistible de sus consejos. Los padres aconsejan a sus hijos [ricos] que sean sobrios, ellos que se embriaguen; que sean moderados, y ellos que sean impúdicos; que ahorren, y ellos que despilfarren; que amen el trabajo, y ellos que sean negligentes, diciendo: ‘la vida toda es un instante, conviene vivir no vegetar’” Sobre la educación de los hijos, 13ª.

Cuestionario
1. Escriba una semblanza sobre Plutarco de Queronea.
2. ¿Cuál era el fin principal de la educación griega (paideía)?
3. El abuso de la televisión ¿facilita el ajustado conocimiento de nosotros mismos? Por qué.
4. ¿Por qué la tele, los publicistas y los propagandistas, adulan a los telespectadores?
5. ¿Por qué los aduladores pervierten a la juventud?
6. ¿Conoce usted la fábula de El Cuervo y el Zorro? ¿Cuál es su moraleja?

Comente por extenso el texto de Plutarco con que acaba la entrada 

5 de enero de 2010

Pertenencia y participación. Identidad democrática

En un reciente artículo*, Fernando Savater distingue entre la identidad de pertenencia (a una cultura, una fe, una nación, una raza) y la identidad democrática. La primera, la identidad de pertenencia, se convierte muchas veces en un blindaje que pretende justificar excepciones en base a la adscripción del ciudadano a tal o cual grupo identitario.

La distinción puede resumirse en la distinción entre ser y estar. Cada individuo configura su identidad en base a una serie de identidades yuxtapuestas. Unas impuestas por la biología (macho o hembra, payo o gitano) o por la geografía (europeo o asiático, gallego o catalán) o por la historia (cristiano o budista), mientras que otras provienen de elecciones personales, según nuestros afectos, creencias y aficiones (socio de Greenpeace o fan de Chenoa). Hay cosas que somos desde la cuna (diestros o zurdos, morenos o rubios) y otras que nos empeñamos en ser: “ciertas identidades nos apuntan y al resto nos apuntamos”.

Cada cual tiene, por supuesto, el derecho a ser lo que quiera ser, socio del Madrid o del Barcelona, incluso a creerse ser esto o aquello, vasco “puro” o andaluz “de pura cepa”, o a intentar ser el mejor artista, el más hábil jugador de fútbol, el más competente científico, el más exitoso comerciante... Uno puede aspirar a ser considerado modelo de elegancia u honesto padre de familia… Se trata de una aventura personal, biográfica.

Pero la identidad democrática es otra cosa, no expresa tanto una manera de ser como una manera de estar. De estar junto a otros, para convivir, emprender y cooperar en tareas comunes, pese a las diferencias de lo que cada uno sea o pretenda ser.

El único requisito que se impone a la identidad democrática es que respete las normas básicas de convivencia y los principios generales que los españoles nos hemos dado en la Constitución Española.
No hay cánones definitivos para ser español: se puede ser español y católico o ateo, musulmán o agnóstico, blanco, mulato, amarillo o negro del todo, hablar euskera, castellano o catalán, ser homosexual, heterosexual o célibe, disfrutar de las corridas de toros o abstenerse de ir a ellas…, pero sí hay normas y límites para estar en España como ciudadano de una democracia avanzada, beneficiándose de los derechos que nuestra constitución protege (educación, sanidad, libertad de expresión, etc). Por ejemplo, uno no puede, siendo español, mutilar a su hija, secuestrar a quien quiera, violar a un niño o maltratar a las mujeres impunemente.

20 de diciembre de 2009

Urbanidad


"Ser natural es la más difícil de las poses"
Oscar Wilde


Las normas de educación -cualquier educación- corrigen la espontaneidad natural.

"¡No cruces en rojo!", "no te eruptes en público", "¡no levantes la voz a mamá!" -así mandan o deberían mandar los padres...



Los manuales de urbanidad son tan antiguos como la civilización, como las ciudades. "Urbanidad" viene del latín "urbanitas". La palabra empezó significando vida ciudadana, incluso vida de Roma, pero acabó significando también comedimiento, trato cortés, bueno gusto, elegancia, gracia...

'Urbem' es el acusativo latino de la voz que significa ciudad. Y ya sabemos que el humano es "animal político", "animal urbano". Lo que distingue a una sociedad urbana, abierta y cambiante, de una sociedad rural y tradicional, es que en la primera uno debe relacionarse con desconocidos continuamente. La convivencia con personas a las que no conocemos de nada y con las que no tenemos familiaridad alguna es imposible y fuente incesante de conflictos si se carece de buenos modales.

La idea de disciplinar al cuerpo, sus apetitos, caprichos, deseos, afectos y pasiones, para que adquiera bellas maneras es parte principal de la literatura pedagógica universal, de la urbanidad, de la educación para la ciudadanía. No hay que prohibir lo que a nadie se le ocurre hacer. Así que cuando en un manual de urbanidad se dice por ejemplo que "no hay que escupir en el suelo de la casa propia y menos en la ajena" (M. A. Carreño, 1898) podemos concluir que en esa época estaba bastante extendida la fea costumbre de escupir en el suelo, o en "escupideras".

La "urbanidad" casi se olvidó durante la Edad Media, salvo en las cortes aristocráticas (de ahí la voz "cortesía" para referir a los buenos modales de los "señores"). El gran humanista Erasmo de Rotterdam creía que un verdadero caballero y una verdadera dama debían distinguirse sobre todo por su forma de comportarse. La idea ha llegado -si bien demasiado débilmente- hasta nuestros días.
En la segunda parte de la gran obra de Cervantes, don Quijote ofrece un discurso a Sancho para que sepa comportarse cuando sea gobernador de la ínsula Barataria: "lo primero que te encargo es que seas limpio, y que te cortes las uñas... Anda despacio; habla con reposo, pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo, que toda afectación es mala. Come poco y cena más poco... Ten en cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos ni de eruptar delante de nadie".
La clave está en que a Sancho no se le vea "el pelo de la dehesa", o sea, su rusticidad y villanía. Hay por tanto en las recomendaciones de la pedagogía de la urbanidad un cierto aire de doblez e incluso de hipocresía. Se trata de simular afectos, como la simpatía o el respeto, incluso si no se sienten, a fin de que la vida social con desconocidos sea agradable y no genere peleas.
Un gran moralista como Baltasar Gracián (1601-1658), en su Oráculo Manual y Arte de Prudencia recomienda con gracia el disimulo, la máscara de la discreción, pues el cómo se hacen las cosas resulta, muchas veces, más importante que la realidad de lo que hacemos:
"No basta la subtancia, requiérese también la circunstancia. Todo lo gasta un mal modo, hasta la justicia y la razón; el bueno todo lo suple, dora el no, endulza la verdad, y afeita la misma vejez. Tiene gran parte en las cosas el cómo, y es tahur de los gustos el modillo. Un bel portarse es la gala del vivir; desempeña singularmente todo buen término".
Gracián nos anima constantemente a la contención: "no hay mayor señorío que el de sí mismo, de sus afectos, que llega a ser triunfo del albedrío" porque "no sólo ha de ser aliñado el entender: también el querer, y más el conversar". Y el aragonés nos advierte del peligro de una exagerada sinceridad y confianza, pues ya se sabe que donde hay confianza... da asco: "Perecieron muchos de confidentes... Los secretos, ni oírlos, ni decirlos".
A finales del siglo XIX se introdujo la asignatura de Urbanidad en las escuelas, dirigida a una clase social acomodada y urbana, antecedente histórico de nuestra Educación para la ciudadanía. En la época de la Restauración (1876-1931), época de progreso y cambios, los manuales de reglas "de etiqueta y cortesía" se escriben sobre todo para los que se disponen a subir de categoría social, por ejemplo a través de estudios superiores y el ejercicio profesional liberal (profesor, médico, abogado...). Se trata de imitar con soltura a los que ya están arriba. Si uno aprende a comportarse, la sociedad olvidará su humilde origen.
Muchas de estas reglas nos parecen hoy sexistas, inútiles e incluso ridículas: "una señorita no debe salir nunca de casa sin ir acompañada, por lo menos antes de cumplir treinta años", o "no está permitido a un hombre el permanecer en su casa sin corbata, en mangas de camisa, sin medias [calcetines], ni con los pies mal calzados". En La elegancia en el trato social (1897), la vizcondesa Bestard de la Torre intenta encorsetar los comportamientos de las "niñas bien". Así, después de la ceremonia de petición de mano, el novio puede pasear con la novia y con su futura suegra, pero tendrá que dar el brazo a la madre, no a la "prometida".
El libro de Fernando Nicola Los niños mal educados (1903) se apoya en la creencia de que la mera instrucción escolar no puede alcanzar el ideal más completo de la educación doméstica. Depurados de excesos, estos libros nos siguen ofreciendo consejos prácticos y útiles para una verdadera educación ciudadana. A continuación damos un ejemplo de estos manuales, que pretendieron condicionar la espontaneidad salvaje de los comportamientos, a través de buenos consejos. Pertenece al libro de José Codina, Urbanidad en verso para uso de las niñas (1857):
Reglas para la conversación
Para que seas amada
de los demás ten en cuenta
que siempre amable y atenta
con ellos te has de mostrar.
Jamás a persona alguna
nombres por motes o apodos,
y arguye falta de modos
sin discreción tutear.
Oye mucho y habla poco,
y siempre oportunamente,
que el silencio es elocuente
a la mejor ocasión.
En conversación ajena
no entres sin ser invitada,
si lo fueres, mesurada
toma parte en la cuestión.
De tus actos y expresiones
destierra todo artificio,
que es el más infame vicio
en que se puede incurrir.
Ten presentes las palabras
que cierto rey a su hijo
al despedirse le dijo:
"Antes morir que mentir".
Como la verdad no siempre
con agrado es escuchada,
si es lícito, sé callada,
e ingenua con discreción.
Detesta a aquellos aleves
que adulan a los presentes
y hablan mal de los ausentes
cebándose en su opinión.
Con personas de carácter
no hables con tono subido,
o en extremo deprimido,
ni con precipitación,
en general, ten en cuenta
que es más grata y preferible
una voz dulce y flexible
sin fingida entonación...

Cuestionario
1. ¿Qué es la urbanidad? ¿De dónde viene la palabra?
2. ¿Es siempre buena o útil la "espontaneidad natural"?
3. Defina "cortesía". ¿Qué reglas de cortesía le recomienda don Quijote a Sancho Panza?
4. ¿Es siempre mala la simulación? ¿Qué emociones debemos disimular a veces? Imagine un contexto en que convenga disimular lo que sentimos o pensamos.
5. Explique por qué escribe Gracián que es "tahur de los gustos el modillo".
6. Defina "discreción", ¿se considera usted discreto?
7. Defina "contención", ¿sabe usted contenerse?, ¿qué emociones le cuesta más disimular?
8. Resuma la historia de la asignatura de Urbanidad en las escuelas.
9. ¿Por qué alguna de las reglas de la Urbanidad tradicional nos parecen hoy sexistas, inútiles o ridículas? Ponga ejemplos.
10. Pregunte a sus familiares mayores qué reglas les enseñaron en su infancia que luego se han olvidado. Y si ha sido bueno ese olvido. Luego, redacte una encuesta con sus respuestas. Añada sus propias conclusiones.
11. Los modales, ¿se aprenden en el propio domicilio o en la escuela?
12. Esquematice las reglas de conversación del manual de José Codina. ¿Le parecen pertinentes hoy?
13. ¿Cuál es su opinión sobre tl "tuteo"? ¿Cree usted que debe generalizarse?
14. ¿Por qué es un vicio de la conversación el artificio?
15. ¿Son todas las verdades para ser dichas?
16. Explique al noción de "persona de carácter".